No importa la ignorante desnudez con la que nacemos, con la que venimos a este mundo, ni tampoco aquella con la que nos despedimos de él. Nacemos y morimos sin una ropa que nos cubra, y eso nos hace libres. Lo verdaderamente valioso es la experiencia que adquiramos a lo largo de la vida, lo que mantiene abrigado al cuerpo y la mente.
Ser dueños de una vestimenta sencilla será lo necesario para pasear con libertad, no hace falta más. Una vestidura excesiva nos puede pesar demasiado; sobrecargarla, complicaría lo esencial, lo más simple.
Nuestro ser no necesita que le cubran de lujosas “capas” para desarrollarse como humano, más bien precisa de sencillez y naturalidad para proteger su cuerpo.
No por engalanarnos más de lo habitual lograremos parecer más de lo que en realidad somos.
Continuemos con nuestro paseo de vida, el que hacemos a diario, el que más nos llene, el que no nos pese.
2 comentarios en “El ropaje de la vida”
Anonymous
Que ese «alma humilde, y desnuda», que a ti te cubre y proteje, nos de a TODOS, cobijo, para que no necesitemos tantas «capas», para parecer más bellos. Siempre escribes «lineas» que hacen pensar y recapacitar, a lo largo de nuestro «desarrollo vital» Gracias. jcg.-
Que ese «alma humilde, y desnuda», que a ti te cubre y proteje, nos de a TODOS, cobijo, para que no necesitemos tantas «capas», para parecer más bellos.
Siempre escribes «lineas» que hacen pensar y recapacitar, a lo largo de nuestro «desarrollo vital»
Gracias.
jcg.-
Mantener el alma desnuda es el mejor ropaje que podremos llevar de maleta al otro mundo, allá donde un cuerpo no signifique nada.